-Él no va a venir, ¿verdad?, pregunté apretando la mano de mi madre, mientras mi sombrero de fiesta resbalaba por mi cabeza.
Mi madre apretó mi mano, y sin una palabra volvió a entrar en casa.
-Él no va a venir, ¿verdad?, pregunté apretando la mano de mi madre, mientras mi sombrero de fiesta resbalaba por mi cabeza.
Mi madre apretó mi mano, y sin una palabra volvió a entrar en casa.